Juro que no es esnobismo

Salir con la mochila, esa forma tan práctica de empacar una vida, de moverla de aquí para allá con cierto esmero innecesario, de ponértela con orgullo y sudarla como se debe sudar.

No estoy hablando de viajar.

Estoy hablando de cargar. De saber que la materia no es tan inútil como prometen los gurús del vivir idealizado; que la materia implica el tacto y la cercanía y el calor y a veces también la humedad.

Estoy hablando de la configuración casi mágica de pertenecer solo a lo que podés tocar.

Estoy hablando de lo indispensable, lo que al fin de cuentas es tuyo por convicción: una botella con agua, un par de lapiceros y todos los libros que le quepan a tu conciencia.

Medir distancias en sílabas; abrazar lo abrazable: prepararte para lo inaudito.

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