Días de

Uno no le cree a la mamá sobre los peligros de comer en la calle hasta que una pacífica noche se encuentra vomitando hasta el hígado.
Pero la debilidad postenfermedad me ha llenado de mucho optimismo. Me ha dado por pensar que sobrevivir a una enfermedad me faculta para sobrevivir a la vida misma; que desdeñar la fe no siempre es saludable…
En fin, días de mierda, te digo.

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