Castel en Sívar

Una noche de estas -no recuerdo cuál porque todas las putas noches se parecen- soñé que me encontraba en una calle maltrecha del gran San Salvador con Juan Pablo Castel. No sé muy bien cómo o por qué lo reconocí en medio de una multitud de rostros grises.
Nos sentamos a platicar en una pocilga a la que por alguna especie de broma de mal gusto llamaban Café. Yo quería hablar sobre cosas importantes como el tráfico y el clima, pero su carácter nervioso y un tanto impulsivo terminaron llevando la conversación hacia los terrenos infértiles y banales de la pintura y el arte.

En algún punto de la conversación, me soltó su ya clásica analogía del cirujano, para desproticar contra los críticos del arte.
Pero aquí no son los críticos de arte los más contundentes signos de decadencia: son los artistas, le dije.

Él luego se inventó alguna excusa pendeja y se fue. Yo no tenía prisa, me termimé mi café insípido y luego desperté.

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