Plan de vida

Hoy había planeado no escribir mucho. Mi plan para este jueves de agosto era salir de mi casa y conquistar este puto mundo a como diera lugar.

Pero la lucidez me alcanzó más pronto de lo que pude preveer, y ¿a quién quería engañar? La única forma de conquistarlo era encerrarme en mi habitación y escribir. Escribir hasta que me sangren los monosílabos. Escribir hasta que algo dentro de mi se arregle o se termine de pudrir. Escribir porque ese es el único plan a corto, mediano y largo plazo que alguna vez consideré.

Escribir es, quizás, mi remedio casero para que las perniciosas utopías duelan menos.

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