Once cero ocho

A veces me da por soñarla. Y la sueño tan irreverente e inflexible como siempre. Sonriéndole dulce a los niños que se perdieron entre la inexistencia y la miseria. Contándole anécdotas al buen Hades -que a veces se pone de pendejo pero es buena gente-. Haciéndole las cuentas celestiales al San Pedro, porque es medio inútil.

A veces, cuando me da por soñarla, el sueño es tan vívido que en el pecho me nace una angustia muy parecida a la paz. Y la sueño tan elegante y esbelta como siempre.

Y la sueño siendo ella: tan terrenal como eterna; amando a los suyos; acariciando al futuro; disfrutando del misterioso festín que nos es prohibido a los que no transgredimos. Así, tal cual. La imagino puteando a los ángeles y a los arcángeles; dándole consejos a dios.

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