Sons Of

Hoy voy a dejar las posturas pseudopoéticas y pseudointelectuales para hablar sobre lo más banal que podría existir dentro de la vida posmoderna-tercermundista de un adolescente confundido como yo: una serie de televisión.

La serie en cuestión se llama Sons of Anarchy y trata sobre un club de badboys amantes de las motocicletas grandes y que, ¡oh sorpresa! también se dedican a la venta de armas, a lidiar con pandillas rivales y a tener una existencia que cualquier jovencito descarriado desearía: sexo, drogas, rockanroll ochentero y, en el fondo, una familia.

Encuentro en la historia algunas inconsistencias, como la idea de que el club se haga llamar “Hijos de la Anarquía” y que tenga una forma de organización completamente vertical, con presidente y vicepresidente incluido, lo que nos hace pensar que el uso del término “anarquista” se emplea más bien en su forma vulgar: anarquía = caos y desvergue sin sentido; también algunos clichés burdos que me hubiese gustado que los creadores eliminaran, como la conformación racial de las pandillas: todos los negros parecen raperos recién salidos de prisión, todos los de color café son latinos y todos los blancos pelones deben ser neonazis; aunque, siendo muy honestos, nada de esto llega en ningún momento a empobrecer el contenido.

Uno podría pensar que alguien que vive en un país tan violento como el mío (El Salvador, tierra idónea para ser asesino) y cuyos grupos delictivos (A.K.A pandillas) han vuelto la vida virtualmente imposible, lo último que quisiera es recibir también esa violenta realidad en las series de televisión que consume. Pero quizás sea precisamente ahí donde radique la belleza no tan obvia de la serie, los pandilleros, tan sanguinarios a veces, tan divertidos otras tantas, son en esencia tan humanos como el resto de nosotros. Sufren y tienen familias. Son tan capaces de sucumbir ante la paternidad como el más abnegado, y de desear asesinar a cualquiera que le haga daño a algún ser querido (con la pequeña diferencia de que ellos sí llegan a hacerles daño).

Quizás en el fondo, lo que más me cautivó de la serie fue eso, la capacidad para demostrar que la humanidad de los seres humanos no solo la hallamos en los estilos de vida políticamente correctos; tiene acepciones que todavía desconocemos; tiene un asidero, un tanto difuso quizás, en esas vidas fuera de la ley que con tanta facilidad desdeñamos nosotros los que, por temor o por costumbre, nunca vamos a aceptar que la sociedad está podrida y que necesitamos alternativas.

Esto no pretende ser una crítica especializada en ninguna forma, pero le prometí a quien me recomendó la serie que le daría mis observaciones y por eso decidí escribirlo aquí; así que voy a decir que se cumplió su pronóstico: Sons of Anarchy ¡qué mierda más paloma!

 

Voy a dejar este enlace por si a alguien le interesa verla:

http://sons-of-anarchy.seriespepito.com/

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