Sobre barberos

Estoy sentado en una silla en la barbería. Quiero hacer una recarga a mi celular. El lugar está lleno. La tv está encendida. Es la hora de las noticias. Los noticieros en la comarca son una auténtica calamidad.

Ola de asesinatos, anuncia el presentador. Cincuenta y tantos muertos diarios. Quizás son treinta. Quizás son quince. La violencia es el único lenguaje que un salvadoreño promedio entiende, y convivir con ella nos vuelve brutalmente insensibles, como alguno ya habrá acotado hasta el cansancio. Entonces realmente no importa cuántos. Importa quién falló, quién hizo o dejo de hacer desde la silla esa.

Deberían rehacer la guardia.

Yo me limito a sonreír, hipócrita.

Luego otra nota: un agente de policía exige algo que me parece justo. Hace huelga de hambre. Pobre ingenuo. A las autoridades no les importa el hambre ajena, ¿no lo notaste?

Ese cabrón está loco. ¿para qué anda haciendo eso?

Coincidimos en algo, pienso.

Y luego lo realmente trágico: unos tipos se suben a un bus a disparar a diestra y siniestra. Varios muertos, varios heridos. El tipo encopetado de la tv cuenta que la señora vendedora que falleció tendría unos 6 minutos de haber abordado la unidad de transporte.

Ya le tocaba, advierte el inoportuno barbero.

Trato por todos los medios de no comenzar una discusión apocalíptica.

Hacen la recarga y me largo lo más pronto posible del lugar.

“Ya le tocaba”, la sentencia me repugna. Ya le tocaba subirse a un bus, tratar de rascarle a la miseria un par de dólares para comer y encontrarse de frente con la violencia insensata, que de alguna forma siempre termina legitimándose. Ya le tocaba ser víctima de una nación soberana que para compensar la falta de educación enseña a sus hijos más pobres a convertirse en sicarios. Ya le tocaba ser juzgada injustamente por las posturas pseudomoralesreligiosas, recibiendo excusas en lugar de soluciones.

Quizás ya nos toca darnos cuenta que lo único sagrado que tiene el ser humano es la vida…

La cercanía eterna de la muerte no solo nos volvió insensibles, también nos vuelve estúpidos, pienso.

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