Culpables y THC

Lunes de madrugones inflexibles. De tráficos innecesarios y siempre inconvenientes. De posturas políticas oxidadas; ideologías humorísticas, y un sistema inapelablemente incongruente. De batallas épicas contra los clichés del conformismo siempre vomitivo. De montar guardia para que los panfletos anticuados no se nos metan por la rendija más contrariada de las ganas. De hacer espacio en el tiempo para darle gusto a los vicios perniciosos del alma contaminada de buenas intenciones. De hacer planes irrealizables. De cerrar los ojos y empequeñecer al mundo. De quejas, sorpresas, besos mortuorios y abrazos de porcelana. De metas a largo plazo que duelen en el estómago.

Lunes para irritar a la imperecedera manía de llamar a la muerte con nombres equívocos. Para sembrar metafísica y cosechar confusión. Para hacer el milagro de transformar la cafeína en esperanza.

Lunes para perseguir descalzos y con hambre nuestros sueños que no son nuestros.

El lunes también es un buen día para encontrar culpables donde quizás los hay: el vaivén de la humanidad es el THC de todos los dioses.

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