Anacronismos

Estamos viendo fútbol con el viejo. Algún partido entre dos equipos que no sé. El fútbol no es mi pasión, aunque tampoco me ofende. Es sábado y el calor es impresionante. De vez en cuanto le hago algún comentario sin trascendencia. La mayor parte del juego paso revisando el Twitter, leyendo cómo mi papá no es ni remotamente el único viendo fútbol. Creo que el viejo se dio cuenta hace ratos que eso no es lo mío, pero está bien, no creo que le moleste. A mi tampoco, la verdad.

Llega el medio tiempo. Él trata de explicarme algunas estrategias fallidas de su equipo, qué fácil le sería llevar la ventaja si tan solo… bueno, no importa. Él sabe que su equipo va a ganar, irremediablemente. El fútbol, como cualquier otra pasión humana, involucra una dosis de fe. Trato de parecer interesado, me gusta esa cercanía.

Termina el primer tiempo. Luego del resumen que hacen los comentaristas, vienen 15 minutos de descanso. Los anuncios se comienzan a suceder: alcohol, autos, comida rápida y esas cosas. En eso aparece el anuncio de algún concierto de música electrónica o eso me parece. Es la oportunidad de mi papá para hablarme de algo que sí sabe me apasiona.

-¿Esa música está de moda verdad? ¿la electrónica? veo que todos andan con esa onda.

Sí, de hecho esa es la música de moda.

-Lo que me he fijado es que hoy los músicos nuevos hacen bastantes cóvers de la música de los 80. Los hacen al estilo moderno, pero las canciones son las mismas.

No me había percatado de eso, pero sí. Tiene razón. Quizás porque hace un par de años estuvo de moda la onda vintage, la nostalgia por las cosas viejas y amarillentas. ¿O solo yo lo noté?

-Estas modas de hoy… ja ja ja. Siempre regresan las modas ¿sabés? cuando yo tenía tu edad la moda era el pelo largo, luego cuando tu tío tuvo tu edad la onda era el pelo corto… hoy parece que ha vuelto el pelo largo.

Buena observación. Mi viejo ya habla como viejo.

-Yo he visto que a los muchachos ahora les gusta andar con pantalones rojos, verdes y colorcitos así… bien raro se ve eso. Interviene oportunamente la vieja.

-¡Esa es mariconada! Y risas. Incluso yo río. El viejo no es homofóbico, pero fue educado en otra época.

-Esta juventud y sus modas, concluye la vieja sonriente, cuando estén viejos como nosotros se van a acordar y se van a reír… le va a dar pena.

Yo ya he salido del debate/discusión/crítica y me limito a escuchar, asentir y a sonreír.

El partido ya comenzó otra vez. Mi papá comenta complacido que los cambios que hicieron han sido acertados. Mi mamá otra vez en la cocina, y yo alternando la tv con mi TL.

 

Lo que me queda claro es que los pobres viejos ni siquiera sospechan que su hijo no es más que un anacronismo desvergonzado.

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