Dogmático Patetismo

Así, sin más. No lo medito ni lo proscribo. Sin marcos teóricos ni hipótesis. Sin objetivos ni demostraciones: el patetismo de la existencia lo doy por sentado.

Es natural; es intrínseco e inherente.

Lo acepto como acepto la lluvia, sin subterfugios banales.

Es, a diferencia de lo que los científicos antropólogos darwinistas evolucionistas pudieran argumentar, la única virtud eminentemente humana: la lástima que nos deriva de nuestro propio patetismo, de nuestra mísera consciencia., que solo es útil para sabernos inútiles. Ergo, la consciencia es inútil. Y fastidiosa.

Y aparecen los románticos sin remedio; los que tratan de zanjar la estúpida trivialidad de la existencia, aduciendo cursilerías como las caricias y las flores, y el brillante sol y la vida misma.

Estúpidos idealistas, convirtiendo esperpentos en milagros.

Los humanos somos un puñado de chistes mal contados; un conjunto de bromas mal logradas, con pretensiones divinas y ridículas aspiraciones sociales.

Pero en eso se me apetece un café; y una reunión sin antologías estériles, sin clichés innecesarios… y la misantropía me baja un par de grados.

Y otras vez el benemérito dogmatismo: el café y sus antecedentes psicosociales, como salvadores personales y colectivos.

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