Verso 3

Onirismo secular
que recula en los recovecos
que van dejando los malsanos
y por siempre inconformes
adoquines de tu vientre

En tus sueños yo existo
como atrapado entre la niebla
sobre un eterno letargo
de escondites malhabidos

Y allí, en la secuela
el dolor no tiene caso
Y lo absurdo es la antesala
del inexorable imposible

Porque amar es aberrar
pero no en tus fantasías
deliciosamente crueles

Pero qué bueno
señorita
¡Qué bueno!
Que tus ojos inconfensos
eternizan mis anhelos
Y que incluso en tus insomnios
los besos robados
aun saben a cielo

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