No recuerdo la última vez que comencé a escribir algo sin saber bien qué; ni por qué, ni siquiera para qué.
Hoy me estoy dejando llevar. Escribir es un medio y no un fin. Siempre lo ha sido y siempre lo va a ser.
Pero de vez en cuando es saludable (¿?) transgredir el orden, por puro placer estético.
Convertir la esencia del mensaje en un medio, y la ortografía, la gramática y el estilo en un fin.

Hoy quiero intentarlo, por la misma razón que Horacio Oliveira escribe con “h” todas las palabras que inician con vocal: pura catarsis.

«Fácilmente, hagámoslo, árbol, conexión»

«Ella, entonces, abrió los ojos y lo supo: el mundo seguía dormido»

«Quizás halla algún modo de haber»

«¡Qué forma tan precaria de apostar por una causa perdida!»

«¿Qué eres?»

«Porque ese fue el medio por (el) que descubrí el porqué de tus prosaicos silencios»

«No sé»

«-¿Tan poco te importa? -sí, tampoco me importa»

«Si eres, dilo»

«Sí, soy»

«Ahí hay un “¡ay!” y un crujir de dientes»

«Él volvió; ella no tanto»

«Hubo de todo: desde besos hasta bombas atómicas»

«Había olvidado lo malo que era recordando»

«No, sé»

«Sobreesdrújulas, esdrújulas, llanas, agudas, complejas y altruistas»

«Soy todo eso que no sabes de mi… y un poquito más»

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