Estúpidos de Claro®

Me desperté a las 7.24 de la mañana. La rutina me echó a perder la hermosísima capacidad, que cultivé por tantos años, de despertarme tardísimo.
Me despojé de los pensamientos caóticos que me atormentan a veces en las mañanas y desayuné, solo, sin música ni tv. Es bueno desayunar así de cuando en cuando.
Los infelices de la compañía telefónica decidieron que no me iban a brindar servicio esa mañana; así, sin razón aparente. Esto frustró un par de llamadas y mensajes (estos eran de suma importancia) que había planificado hacer temprano.
Encabronado; con todo el tiempo del mundo; con una vida y un fresco lunes de noviembre por delante me dispuse a ver televisión (sí, mi vida se ha vuelto un triste cliché de adolescente de posguerra, de un país tercermundista).
Con la televisión encendida y con la sensación inequívoca de estar desperdiciando mi existencia, me quedé dormido. Me volví a despertar a eso de las 11.45. Mi celular había vuelto a la vida y tenía mensajes. Intenté marcar pero no tenía saldo. Salí, como era de esperarse, a poner una “recarga” y a contestar los mensajes. Luego de eso el teléfono se volvió a quedar sin servicio, pero en lugar de volverme a encabronar (ya me había pasado el de la mañana) decidí dejarlo así. Quizás los omniscientes señores de la compañía telefónica tenían un propósito especial para no dejarme usar el servicio por el que les pago.
Almorcé, vi películas tontas; me deprimí; consideré seriamente el suicidio y luego me divertí pensando en las consecuencias de esto. (Por cierto, ¿se han dado cuenta de que el suicidio es el único acto humano en el que la causa y el efecto son la misma cosa?)
Lo del suicidio no es cierto, por supuesto. Jamás lo he considerado. Solo me divierto imaginándome en situaciones descabelladas como robando un banco, asaltando gente en el bus o asesinando a alguien, y previendo cómo tendría que hacerle para huir de la justicia. Es un ejercicio inútil, pero entretenido.

Me volvieron a reactivar el servicio. Hice la llamada que tenía previsto hacer 9 horas antes. ¡Al fin pude reconectarme con el mundo!
Leí una interesantísima nota sobre Alejandro Jodorowski que escribió en su blog un buen amigo; me fui donde mi abuela por una taza de café y heme aquí, escribiendo una nota sobre yonoséqué, tratando de averiguar cómo se lee mi día en retrospectiva, y aprovechando que los Estúpidos Esos no me han vuelto a quitar el sacrosanto servicio de telefonía celular.

Así ha transcurrido mi complicado lunes 5 de noviembre del dosmildoce.
Por lo demás, una fecha doblemente especial, ya que hoy cumplo 20 meses de noviazgo con una mujer que parece sacada de mis sueños, lo suficientemente genial como para soportar mis excentricidades durante 20 largos meses; y celebro el cumpleaños de una de mis mejores amigas, de esas incondicionales y casi perfectas, de las que ya no se hallan fácil.

Y precisamente, a esto quiero llegar: puedo celebrar estos dos hechos importantísimos de mi vida, en la comodidad de mi casa, gracias a la maravillosamente imperfecta telefonía celular<3.
Estúpidos de Claro®.

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