En Papel

Todavía no sé cómo definir la alegría pacificadora que produce el  sencillo acto de quitarle el forro plástico a un libro nuevo.  Sentir la textura y el olor de las páginas; calcular, sin motivo, su peso y su tamaño; digerir sus verbos y adjetivos sin aditivos.

Quiero aclara que no estoy (y nunca he estado) en contra de los libros electrónicos. Me parecen una forma  bastante cómoda de leer; aunque la miopía y el astigmatismo casi siempre termina pidiéndome a gritos que pare, después de un par de horas. Además, en Internet se puede encontrar prácticamente cualquier libro de forma gratuita, lo cual resulta una cualidad invaluable en un país como el nuestro, en el que los libros pueden tardar muchísimos años en llegar a los estantes de las cada vez más escasas librerías; y claro, en muchos casos no llegan nunca.

Pero eso no tiene porqué suponer una sustitución definitiva del libro impreso.

He leído, en los últimos  meses, una cantidad bastante considerable de blogs y artículos de opinión en pro y contra de  los e-books, (he leído más en contra que que a favor), y no puedo entender en ningún momento por qué una persona se tiene que ver en la obligación de elegir entre lo uno y lo otro.

En lo personal los considero como una especie de complemento: sí, prefiero leer un libro impreso; pero no siempre puedo adquirirlo (por la economía o porque no se venden en el país, como ya escribí más arriba), y esto no tendría que suponer que me voy a privar de leer libros geniales.

Me ha pasado -recientemente- con Ray Bradbury, por ejemplo. Nunca encontré “Fahrenheir 451” en ninguna librería; y sin embargo, la magia (y la piratería) del Internet me ha permitido comenzar a leerlo.

Además de eso he podido encontrarme en la web con otros títulos y autores que, aunque nunca los he buscado en una librería, estoy seguro de que difícilmente se hallan por estos rumbos.

Nosotros (todos los que vivimos en esta era de las archiveloces telecomunicaciones y las ultramodernas tecnologías) tenemos la capacidad de complementar los recursos existentes,  con todos los que nos van adhiriendo los sacrosantos científicos del Internet y de las Apps.

Esa es lo que hace diferente a nuestra generación: podemos elegir porque tenemos opciones.

No cambiaría por nada la calidad y la experiencia gratificante de acostarme en la comodidad de mi cama, acompañado de un buen libro; no la cambiaría y de hecho no la cambio, solo la complemento y la alterno con las lecturas enriquecedoras que hago sentado frente al computador.

Es una bondadosa época la que nos está tocando vivir.

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