Promesas

La tarde de ayer fue para recordar. Volví a mi colegio querido -aunque nunca he estado realmente lejos de él porque todavía tengo a mis dos hermanos menores allí-. Sin embargo, al volver a ese tipo de eventos ya como un espectador y no como un actor principal como era la costumbre, se  reviven ciertas alegrías y malestares; aunque la memoria casi siempre es bondadosa y solo te permite recordar lo bueno.

Hoy, volví a darme una vuelta por esos rumbos, para ver proyectos y, como buen exalumno, criticar alguna que otra cosa.

Fue una experiencia bastante más fructífera de lo esperado. Terminé encontrándome con antiguos educadores que no veía desde hacía meses; viejos amigos y viejas anécdotas.

Al final de la tarde, estaba sentado en las viejas mesas de Coca-Cola, comiendo las pupusas que me alimentaron -bien o mal- durante tantísimos años; hablando de proyectos para el futuro, de música, de guiones, literatura, cortometrajes, comics y de muchísimas más estupideces de las que me gustaría admitir; terminé sintiéndome bien conmigo mismo, dándome el crédito por haber cultivado tantas buenas y variadas amistades; terminé el día con risas, historias y un par de promesas para ir a tomar café.

Estoy seguro de que hay promesa que es necesario cumplir.

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