Impuntual

Tengo la tendencia a llegar tarde a todos mis compromisos, obligaciones y citas importantes.

Es una herencia que recibí, no solo de mis papás sino de toda una cultura de “¡Lo siento! tuve un improvisto” que ha estigmatizado a los salvadoreños en general.

La sociedad ha resuelto, en apariencia, ese defecto de nuestra identidad “guanaca”, citando a los invitados media hora antes de la hora programada para iniciar cada evento. Es una solución pragmática y muy efectiva cuando se trata de compromisos sociales.

Sin embargo, nunca he podido implementar dicha solución en el día a día de mis clases, reuniones y turnos en el trabajo.

Mi excusa (si es que existe) es que hay personas muchísimo más importantes que yo, que siempre llegan tarde. Como nuestro presidente, por ejemplo.

Es una lástima que esa maravillosa excusa no me sirva de mucho para evitar los regaños.

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