La Borra y el Café

Comenzar el día con un buen café, preparado con amor y con cierta dosis de cinismo,  elemental.

Hay algunas personas más saludables que prefieren un té o un par de vasos con agua; otros más viciosos (¿más viciosos?) que prefieren despabilarse con algún trago de licor. Por mi parte, me considero modesto en ese aspecto: un café con tres de azúcar, por favor.

La borra del cafécito, por otro lado, es una vieja tradición del medio oriente que consiste en interpretar, partiendo del residuo de la taza de café, el pasado, presente y futuro de una persona.

No soy supersticioso -de hecho casi siempre me cuesta creer en cosas mágicas o espirituales- pero me parece muy apropiada la analogía: nadie mejor que mis cafés para contar la historia de mis días.

Por si esto fuera poco “La borra del Café” es uno de mis libro favoritos del maestro Mario Benedetti y esa en sí misma es una formidable excusa para continuar con la práctica catártica de escribir, a pesar de la vergüenza  inminente de ser leído.

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